CURSO: Las cartas que se esperan

con Paz Olivares

Como no podía ser de otra manera, la crónica de este curso nos llega en forma de carta. La remite nuestra querida Elena Medina y dice así:

Un hijo mío le soltó al monitor en unas colonias de verano: “yo no he venido aquí a hacer tonterías sino a hablar de la magia y de la muerte”. El angelito tenía seis años y gracias a Dios, en aquel entonces no se estilaba lo de las denuncias porque lo mismo habríamos pasado un rato divertido por culpa de aquel borrico.

Me acuerdo ahora porque yo me veo en una parecida: he venido aquí a hablar de la magia (aunque desde luego, no de la muerte). Porque magia es la palabra que define la experiencia del fin de semana vivido en la Casa de la Maestra con el curso de “Las cartas que se esperan”. No tengo el arte para describir en qué ha consistido, aparte de que hay cosas que no se pueden explicar, hay que vivirlas. Cómo se cuenta lo que es el enamoramiento, los fuegos artificiales o, ya puestos, la gelatina a quien nunca lo ha vivido/visto/probado?… Pues así estoy yo ahora mismo.

Ya sólo “estar” en la Casa de la Maestra es como sentirse en la propia…o bastante mejor. No sólo porque el entorno es precioso y muy cuidado, sino porque el ambiente que crea Sonsoles es tan acogedor, seguro y entrañable que incluso te hace retroceder a aquellos momentos añorados de tu infancia en los que te mimaban y contemplaban de forma absoluta.

¿Y qué decir de las comidas de Marifran? Merecerían un extenso panegírico en exclusiva. Cuando una se levanta de esa mesa, después de haber comido maravillosamente y haber tenido una charla estimulante y divertida, se siente capaz de afrontar casi cualquier cosa, así sea leer a Joyce (que conste que he escrito “casi”).

En cuanto al curso en sí, he de decir que acudí a él con la expectativa de aprender algo interesante sobre literatura epistolar, que no es poca cosa, pero salí llevándome mucho más. En primer lugar, porque gracias a la pericia y el dominio de la materia de nuestra maestra, Paz Olivares, he aprendido mucho sobre los autores estudiados, sin ser consciente de hacer ningún esfuerzo y divirtiéndome una barbaridad. Y no sólo nos los ha mostrado desde un punto de vista meramente literario, sino que nos ha ofrecido una visión “redonda” de cada personaje, ahondando en su vida, su carácter, su entorno y los condicionantes que de alguna forma lo definían. Tengo el propósito de intentar volver a leer a la Woolf, que me parecía una pelma insoportable, con las gafas que Paz me ha regalado. Creo que esta vez lo conseguiré!

En segundo lugar y no menos importante, porque al estar concebido el curso como un taller participativo, he podido darme cuenta plenamente del enorme poder de la palabra escrita, de los vínculos que puede generar, las emociones que puede suscitar y la sabiduría que puede transmitir. Lo que experimentamos escuchando la lectura de las cartas que todos tuvimos que escribir siguiendo las indicaciones de Paz es algo que nos pertenece a nosotros y no voy a exponerlo aquí. Pero ha sido una experiencia tan sorprendente como enriquecedora. Y feliz, muy feliz.

En resumen, creo que el domingo por la noche era un poquito más sabia y quiero pensar que algo más empática. Y esas ganancias, sin haber empezado a hablar de la gente estupenda que he conocido y que espero no perder de vista!

¡Así que mil gracias, Sonsoles, Marifran, Paz y compañeros de misivas y fatigas por este finde inolvidable!