Curso: La trampa de la autoestima
Con Antonio Galindo
Crónica por Mamen Zalba
Hay lugares que tienen la capacidad de recordarnos quiénes somos. Lugares donde el tiempo parece detenerse y en los que, casi sin darnos cuenta, empezamos a escuchar aquello que el ruido cotidiano suele acallar.
Este fin de semana he tenido la inmensa suerte de volver a uno de esos lugares: La Casa de la Maestra, en Vilavedelle. Un rincón lleno de belleza, cuidado con un cariño que se percibe en cada detalle, donde todo invita a bajar el ritmo y a estar presente. Allí, Sonsoles y Marifrán nos han acogido, una vez más, con esa hospitalidad que hace sentir que uno llega a casa. Su comida, abundante y deliciosa, alimenta mucho más que el cuerpo.
Pero lo verdaderamente valioso de este fin de semana no ha sido solo el lugar. Ha sido el privilegio de compartirlo con trece personas maravillosas que, como yo, llegaron con una misma inquietud: mirar hacia dentro, aceptarse y aprender a quererse un poco más.
Trece almas, cada una con su historia, sus luces y sus sombras, que durante dos días nos hemos permitido el regalo de ser simplemente quienes somos. Sin máscaras. Sin prisas. Con la valentía de compartir aquello que normalmente permanece en silencio.
De la mano de Antonio Galindo, que nos ha guiado con una sensibilidad y una sabiduría extraordinarias, hemos recorrido diferentes caminos para acercarnos a la aceptación de nosotros mismos y de todo aquello que nos rodea. No desde la teoría, sino desde la experiencia.
Éramos un grupo muy diferente. Y quizá por eso ha sido tan sorprendente comprobar cómo, cuando uno habla desde el corazón, desaparecen las diferencias. Me llevo la complicidad, la sinceridad, la entrega, las risas, la emoción, el respeto, la escucha y esa sensación tan difícil de explicar de sentirte profundamente acompañado por personas que apenas conocías unas horas antes.
Creo que todos nos hemos llevado algo de los demás. Un pequeño regalo que, sin duda, nos ayudará a seguir creciendo.
Yo me llevo la paz de Anita, el disfrute de Laura, la seguridad de la otra Laura, la alegría de Ana, la calma de Conchita, la serenidad de Eduardo, la fortaleza de Pilar, la energía de Marta, la claridad de Salvador, la sonrisa y el optimismo de Carmen, la bondad, la fortaleza y el amor de mi madre, la convicción de Maite y la inmensa sabiduría de Antonio.
Pero, por encima de todo, me llevo la certeza de que este ha sido uno de esos fines de semana que dejan huella. De los que uno guarda para siempre porque, de alguna manera, marcan un antes y un después.
Gracias a todos y cada uno de vosotros por haber hecho posible esta experiencia. Ojalá sepamos conservar todo lo vivido y permitir que siga transformándonos, poco a poco, en la mejor versión de quienes ya somos.
Crónica por Pilar Elvira
¿Y si la autoestima no fuera lo que siempre nos han contado?
Este fin de semana he tenido la oportunidad de asistir al curso «La trampa de la autoestima», una experiencia que me ha removido profundamente y que me ha invitado a cuestionar muchas creencias que daba por ciertas.
Una de las ideas que más me ha impactado es que quizá no necesitamos sentirnos «más valiosos», sino dejar de tratarnos como si fuéramos objetos que tienen que demostrar su valor. No somos mercancías que deban ser aprobadas o reconocidas; somos personas, con nuestra propia esencia y nuestro propio camino.
También me llevo una reflexión muy poderosa: cuando dejamos de buscar la validación constante de los demás, empezamos a vivir con mayor libertad, autenticidad y coherencia con lo que realmente somos.
Ha sido un curso intenso, lleno de preguntas, dinámicas y momentos de introspección. Salgo con menos respuestas absolutas, pero con muchas más preguntas valiosas. Y, a veces, ese es el mejor regalo que puede hacernos un aprendizaje.
Y una mención muy especial para Antonio Galindo. Un profesor extraordinario, que transmite con una mezcla admirable de profundidad y sencillez. Su empatía, el respeto con el que escucha y acompaña a cada persona, y su magnífico sentido del humor crean un espacio donde uno se siente seguro para cuestionarse, reflexionar y crecer. Enseña sin imponer, acompaña sin juzgar y consigue que cada reflexión deje huella. Gracias, Antonio, por tu generosidad y por recordarnos que el verdadero crecimiento comienza cuando dejamos de buscar fuera lo que solo podemos encontrar dentro de nosotros.

